martes, agosto 26, 2008

LOS LIBROS DE AUTOAYUDA



Autor: Álex Ayala Ugarte

LOS AMO

Amo los libros de autoayuda porque representan la salvación para mucha gente, sobre todo para los que los escriben, ya que ganan millonadas con sus ventas. Los amo porque tienen el contenido ideal para llenar mentes vacías –es por eso que la mayoría de las modelos confiesan que sus libros favoritos son los de Coelho–. Porque ofrecen soluciones fáciles para un mundo difícil –es decir, son algo así como la piedra filosofal de la modernidad–. Porque son siempre los más vendidos, y no creo que millones de personas puedan equivocarse –más bien, opino que los que estamos por el mal camino somos los que leemos a Roberto Bolaño, Trumán Capote, Fogwill y compañía–. Los amo porque quedan muy bonitos como pisapapeles en las oficinas y en los consultorios médicos. Porque con sus frases se hacen después agendas y calendarios que hacen más llevaderas nuestras vidas. Porque son el mejor sustituto de las religiones –y quizás la mejor arma para acabar con ellas–. Porque ofrecen respuestas en un planeta donde casi todo es como una enorme interrogante. Porque hacen que gente que no está acostumbrada a leer se habitúe a la lectura. Y porque entre sus páginas uno puede encontrar los mantras de la nueva era: todo es posible, no estás solo, no hay nada que no se pueda hacer, la solución eres tú, etcétera.
Amo los libros de autoayuda porque en tiempos de crisis alimentaria hacen por lo menos que el ego de uno engorde. Porque sus autores son excéntricos, gurús, locos, y no dejan a nadie indiferente. Porque, por sus mensajes cortos, resultan un excelente compañero durante las excursiones relámpago al cuarto de baño. Porque se devoran de un tirón –aunque también se olvidan con la misma facilidad con la que uno los ha leído–. Porque son un referente para que algunos no caigan en el vacío –o al menos para que no se estrellen contra el suelo–. Porque aprender a escribirlos es sinónimo de éxito. Porque si uno llega a ser bestseller, aunque sea más feo que el Papa, le espera un futuro rodeado de místicas mujeres. Y porque le dan un toque cool a cualquier biblioteca.
Amo los libros de autoayuda porque se parecen a las telenovelas: con mucho drama, pero, al fin y al cabo, con un final feliz. Porque sus títulos, por absurdos, hasta se ven bonitos: ¿Quién se llevó mi queso?, La culpa es de la vaca, etcétera. Y porque buceando en la Internet he podido construirme mi propio decálogo de autoayuda: usted no es completamente inútil, al menos sirve como mal ejemplo; eres parte del sistema, porque si no eres parte de la solución es que eres parte del problema; equivocarse es humano, pero buscar a quien echarle la culpa es más humano todavía; lo importante no es saber, sino tener el telefóno de quien sabe; quien sabe, sabe, y quien no sabe es el jefe; es bueno dejar la bebida, sólo intente recordar dónde; existe un mundo mejor, pero es carísimo; trabajar nunca ha matado a nadie, ¿pero para que arriesgarse?; hay dos palabras que abren muchas puertas: “empuje” y “tire”; no lleve la vida tan en serio, al final no saldrá vivo de ella. A mí me sirve. ¿Y a usted?

LOS ODIO

Odio los libros de autoayuda porque dejan las librerías sin espacio –y me emputa tener que bucear entre manuales que para mí son inservibles para encontrar lo que realmente estoy buscando–. Porque son la expresión más visible y notoria de la cultura para las masas –y nos los ofrecen como si fueran hierba para las vacas–. Porque son la constatación más palpable con soluciones para todo, con fórmulas para “llenarte de oro” y “hacer que el pene te llegue hasta el suelo”. Los odio porque hay algunos que vienen con CD incluido. Es decir, además de tener que leerlos, lo que me da arcadas, me obligan también a escucharlos. Porque el termino “autoayuda” es en sí mismo una falacia, porque el que aporta las soluciones infalibles, si es que las hay, es el autor de la obra en cuestión y no el lector. Los odio porque dicen simplemente lo que la gente quiere oír, cosas que uno ya sabe, que son de perogrullo, pero que le hacen sentir a uno bien. Y los odio porque no hablan más que de generalidades.
Odio los libros de autoayuda porque nos bombardean con frases hechas del estilo de “lo que tú no hagas nadie te lo hará”. Los odio porque nos hacen creer que somos una aplanadora, que nadie nos detendrá, hasta que tres o cuatro días después de leerlos la realidad termina por aplastarnos a nosotros de nuevo. Porque soy de la opinión de que no deberíamos pagar nunca a nadie para que nos diga qué hacer. Porque venden técnicas de superación absurdas – como caminar sobre vidrio, brasas o romper tablones– a precios prohibitivos, algo que sólo sirve para emocionarte un par de horas, pero que no resuelve los problemas. La entrada a un parque de atracciones cuesta menos y logras el mismo efecto subiendo a los autos de choque. Los odio porque a los únicos que ayudan realmente es a sus autores, ya que terminan creyéndose gurús de la nueva era. Y porque debido a ellos los nuevos patrones a seguir que se presentan a la sociedad son, a menudo, las vidas de modelos y empresarios exitosos –como si la fama y el poderío económico garantizaran la felicidad–.
Odio los libros de autoayuda, sí, pero reconozco que son poderosos. Hay miles de maneras de hacer dinero. Una de ellas es robar un banco; otra trabajar, pero esto cuesta; escribir un libro de autoayuda, sin embargo, es un arma casi infalible. A continuación, por si les son útiles, les ofrezco una guía básica por si se animan a escribir uno: hay que repetir clichés constantemente pero con lenguaje rebuscado, para que nadie se dé cuenta de que el consejo que estamos dando es el más obvio de la tierra; se deben usar ejemplos de la vida real, anécdotas llenas de sentimentalismo, de tipos con cáncer o que están a punto de suicidarse; advertir al lector que todo depende de su esfuerzo, para que no pueda echarnos la culpa si las fórmulas mágicas que le ofrecemos no funcionan; y finalmente hay que buscar un título que llame la atención. El mío sería: Manual para aprender a cagarse en los libros de autoayuda. ¿Cómo se llamaría el de ustedes?

1 comentarios:

juan_josealca dijo...

Me diste una buena idea, yo solo la resalto, el mio se llamaria "El vendedor de forraje más rico del mundo"