martes, agosto 26, 2008

EL SOLITARIO, EL CAZADOR CAZADO


Los procesos contra Jaime Giménez Arbe, quien era hasta hace un año el atracador más buscado de España, acaban de terminar. Sólo falta ya una sentencia. Ésta es la historia de uno de los delincuentes más astutos de la última década.
Asalariado de la mafia marsellesa, fan de Curro Jiménez –conocido bandolero ibérico–, “coleccionista” de mujeres extranjeras y atracador, “pero no asesino”. El perfil de Jaime Giménez Arbe (alias El Solitario) trazado por su abogado, el letrado José Mariano Trillo, agranda el esperpento en el que se está convirtiendo el caso del que era hasta hace muy poco el asaltante de bancos más buscado de España. Según Trillo, Arbe no ha matado (aunque está acusado de tres muertes); ha robado, pero para la “liberación del pueblo español”; está arrepentido; y culpa de su vida de truhán al sistema que lo encarceló a los 16 años por el hurto de cuatro guitarras y un equipo musical.
Arbe, pese a su instinto de cazador, pese a su habilidad para sorprender a sus presas, las entidades bancarias, fue detenido el 23 de julio de 2007 en Portugal. Estuvo encarcelado en la prisión lisboeta de máxima seguridad de Monsanto –que su abogado no dudo en calificar como “más dura que el centro de reclusión de Guantánamo”– hasta hace poco; y hace un par de semanas fue trasladado a España para enfrentarse a los jueces por un sinfín de causas pendientes. Sólo queda ya el último paso: que se emita una sentencia.

Modus operandi

A este delincuente, frío y calculador, se le atribuyen tres homicidios y más de 30 atracos en cinco años de actividad. Asesinó a dos guardias civiles en Castejón (Navarra, España) en junio de 2004. Presuntamente los mató porque iba sin peluca y podían identificarle. Además, se le atribuye también un muerto más en Vall d'Uixó (Castellón, España), donde se presume que asesinó a un agente de la Policía Local.
Arbe tiene ahora 52 años. Cometió sus atracos por toda España. Sólo robaba lo que había en caja. Su botín más alto fue de 108.000 euros y llevaba acumulados unos 700.000 en robos a entidades bancarias hasta que finalmente fue atrapado.
Su principal característica era que actuaba solo. No tenía ayuda de nadie. Utilizaba diferentes pelucas y barbas postizas. En contra de lo que se creía, es flaco, calvo, de estatura media y un hombre de buena presencia. Pero cuando entraba a robar en los bancos aparentaba ser grueso, melenudo y no dudaba en escarmentar con saña a los cajeros que trataban de impedirle su objetivo.
Según la Policía, él mismo se encargaba de estudiar las entidades bancarias que pretendía asaltar. Su trabajo era minucioso y concienzudo. Actuaba normalmente los jueves y los viernes, a última hora de la mañana, cuando las cajas de los bancos acaparan más dinero en efectivo. Sus presas preferidas eran las sucursales bancarias más desprotegidas, las situadas en pequeñas poblaciones rurales.
El Solitario, por otro lado, conocía a la perfección los fallos en los sistemas de seguridad bancaria, sobre todo en lo referente a la identificación de las cámaras y a las instrucciones de seguridad que reciben los empleados. Medía siempre muy bien el tiempo que debía permanecer en las entidades y la capacidad de respuesta policial.
Entre tanto,otra de las peculiaridades de este asesino eran las armas que le gustaba manejar. Además de pistolas, su preferida era un subfusil, su “guitarra”.

Una persona, 60 sospechosos

No fue fácil atraparle. En los últimos 14 años la Policía había investigado hasta a 60 sospechosos. Los frecuentes cambios de aspecto de Arbe y el hecho de que sólo actuara cuando necesitaba dinero, habían hecho difícil su detención.
Durante años, el trabajo de las fuerzas de seguridad fue intenso y los resultados, escasos. Se analizaron los días que atraca y a qué horas; y se llegó a pensar que se trababa de un preso que actuaba en los permisos penitenciarios. También, debido a su diestro manejo con las armas, que se trataba de un ex militar.
Pero nada de nada. Hasta que la investigación finalmente se encauzó gracias a la denuncia de uno de sus vecinos de un condominio situado en una zona privilegiada de Madrid, donde se le conocía como “homo brutus” debido a su mal carácter y a sus constantes groserías.
Este vecino vio un día por televisión las imágenes de uno de sus últimos robos. El golpe había tenido lugar el 18 de mayo de 2007 en Toro (España), y el vecino en cuestión se dio cuenta de que, pese al disfraz, los ojos y la mandíbula, el delincuente se parecía mucho Jaime Giménez Arbe, el “homo brutus”.
Se lo dijo a un policía amigo suyo y, tras ser identificado, Giménez Arbe fue sometido a vigilancia. En un momento, aprovechando que el sospechoso llevó su furgoneta al taller, se le colocó en el vehículo un moderno localizador.
En julio de 2007 el sospechoso viajó a Portugal. Se le siguió y enseguida se advirtió que el objeto del viaje no era otro que investigar distintas sucursales bancarias. Inmediatamente, La Policía española avisó a la portuguesa y se montó una operación conjunta a la espera de que Giménez Arbe actuara.
La oportunidad llegó el lunes 23 de julio, cuando el sospechoso se disponía a atracar fuertemente armado una sucursal bancaria de Caja Agrícola en la localidad portuguesa de Figueira da Foz . Unos 30 agentes participaron en el arresto, pero fueron seis los que se abalanzaron sobre él para impedir que sacara la pistola que llevaba en la sobaquera.

Una vida de película

Según testimonios de la Policía, Giménez Arbe, mal estudiante en el Liceo Italiano de Madrid, fue uno de los primeros “pastilleros” (consumidores y traficantes de droga) que hubo en España. Y por ese motivo, tiene prohibida a perpetuidad su entrada en Suecia.
De joven, le gustaban las motos y la música, y fue integrante de Los Rocker, una banda de música. En esa época –en torno a 1972 o 1973– trabó amistad con José Antonio Martín Gardoqui, baterista de la agrupación Burning; y Ambos tuvieron problemas con la justicia, acusados de asaltar con navajas a viandantes.
Quien con el paso del tiempo llegaría a ser El Solitario se casó muy joven con una finlandesa, a la que conoció en uno de sus muchos viajes al extranjero. Pero aquello duró poco. Más tarde contrajo nupcias con Anne, una británica de Manchester con la que en 1988 se asentó en un chalé adosado de la calle del Galeno, en una urbanización de Las Rozas (Madrid).
La madre de él, la maestra María Soledad, ayudó económicamente a la pareja, que pronto tuvo dos hijos. “Entonces parecían una familia normal”, recuerda una vecina, ignorante entonces de que Jaime tenía ya ficha policial en España, Reino Unido y Suecia. Anne, que ocasionalmente daba clases de inglés a algunos niños de la urbanización, se divorció hace tres años de Jaime y se fue a vivir a otro chalé con sus dos hijos (hoy ya unos jovencitos).
Jaime Giménez Arbe empezó a proveerse de las herramientas necesarias: pistolas, revólveres y metralletas, posiblemente inutilizadas, que él mismo se encargaba de restaurar en un taller montado a tal fin en los bajos de su chalé. Todo lo hizo de forma autodidacta, mediante libros, revistas y vídeos de armamento. En Estados Unidos compró un tubo apto para fabricar silenciadores y cañones de pistola. También consiguió chalecos antibalas y blindó con unas planchas de acero el respaldo y el cabezal del automóvil que empleaba en sus golpes por si tenía algún encontronazo a tiros con la Policía.
Durante años no llamó la atención de nadie. La barba postiza hacía que fuera irreconocible y llevaba siempre las palmas de las manos con esparadrapo para no dejar huellas. Si no llega a ser por el “chivatazo” de su vecino, ahora estaría con su amante brasileña disfrutando de la plata. Lo cazaron durante su último golpe, tras el asalto con el que pensaba retirarse, como suele ocurrir en las películas.

Con datos de ADN, El Mundo y varias páginas web.