sábado, mayo 26, 2007

SUCRE, SOBRE LA ACADEMIA DE LA MALA LENGUA Y OTROS MENESTERES


Publicado en la revista Escape / Autor: Álex Ayala Ugarte

La biblioteca de Luis Ríos Quiroga es chica, con olor a lúgubre, tanto que a ratos, cuando sus puertas están cerradas, se asemeja a un ataúd, o al menos a un pequeño panteón de esos que dicen de familia. Sus muebles, que parecen justamente acondicionados para ese espacio de dos por dos, son más viejos que Matusalén y no hay estante que no esté repleto de recortes y de libros, la mayoría de ellos autografiados por los autores. Tampoco faltan la habitual máquina de escribir, de por lo menos hace tres o cuatro décadas, ni periódicos ya amarillos, narrando mil y una batallas, apilados en las últimas baldas, tocando casi el techo.

Luis Ríos, investigador literario y del folklore boliviano, es un poco como el resto de los sucreños, y del sucreño aseguran que es sentimental y romántico. Luis, además, es ya un renglón inevitable dentro de la historia de la bohemia chuquisaqueña. Así, sin abandonar nunca sus gafas discretas de fino alambre, una sonrisa de dientes bien montados y una leve entonación de cejas cuando conversa, ha formado y todavía forma parte de varios de los grupos literarios y artísticos que han revolucionado Sucre. Uno de los últimos, y quizás el más curioso, ha sido la Academia de la Mala Lengua Chuquisaqueña, fundada en el año 85.

“Si la Academia Boliviana de la Lengua tiene la divisa: Limpia, fija y da esplendor, la Academia de la Mala Lengua Chuquisaqueña también tiene la suya: Estimula y da escozor”, aclara Luis Ríos Quiroga. La “Mala Lengua” se dedica, entonces, a estimular el ingenio del idioma –un español defectuoso, una mala lengua, en un pueblo de raíces fundamentalmente quechuas- y a detectar “las cojeras” del lenguaje dentro de espacios tan comunes como vienen a ser los cancioneros populares y sus versos. Algunos de los que todavía integran la agrupación son: el historiador Hugo Poppe Entambasaguas, la cantautora Matilde Casazola, los hermanos Gonzalo y Ramiro Gantier –quienes sin ser españoles hablan un perfecto castellano, con sus ces y con sus cetas- o el propio Ríos Quiroga. Otros, como el pianista Fidel Torricos, verdadero ángel de la guarda de la música popular sucrense, ya fallecieron.

Sobre sus maneras, huelga decir que primero se reunían en la casa del difunto poeta Claudio Peñaranda –que perteneció a otro grupo llamado La Mañana-, donde había un piano vertical en la salita. Luego, han hecho sus encuentros igualmente en la casa de Ríos Quiroga, en la Junín, y en el domicio de Entrambasaguas, en la Bolívar. Esos ambientes, recogidos, han propiciado que la anécdota estuviera al orden del día. Luis las recuerda con cariño. “En cierta ocasión, en el afán de elaborar un diccionario de regionalismos, se discutió sobre el significado de la palabra quechua ‘q´ajchalo’. Finalmente, tras barajarse varias alternativas, el académico Victor Calderón Reyes dio el significado exacto: q´ajchalo es el don juan de las birlochas, personaje que enamora a las mujeres que no son de la alta alcurnia. Entonces, Manuel Giménez Carrazana, conocido por este tipo de correrías, se puso de pie para agradecer con una venia profunda la alusión a la faceta alegre de su vida”.

Los inicios, “La Mañana”
Pero la bohemia sucrense no hubiera sido la misma sin un singular comienzo de la historia. Los inicios se remontan a comienzos del siglo pasado, cuando en respuesta, sobre todo, a la excesiva beatería de la ciudad nació el grupo La Mañana. Por aquel entonces Sucre era una ciudad casi sin comunicación con el exterior y eso hacía que su gente fuera celosamente conservadora y religiosa. Por los prejuicios se llegó incluso a dividir la Plaza 25 de Mayo de acuerdo a las clases sociales. “Los adinerados paseaban por el centro, el pueblo por las aceras y los indígenas tres cuadras a la redonda -subraya Ríos Quiroga-. Las minorías plutocráticas hicieron creer al pueblo que por sus venas corría sangre azul”. Así, en el Palacio de la Glorieta se realizaban fiestas de costumbres versallescas al son de los valses de Strauss, con menosprecio de los aires nativos transmitidos a través de la cueca y el bailecito. No es extraño, entonces, que algunas tendencias de esa época se mantengan, aunque bastante disminuidas, hoy en día. “Por eso todavía se dice que en cualquier arbol genealógico de los sucrenses siempre aparece, al menos, un marqués, un duque o un cura”.

La Mañana nació, precisamente, como una reacción ante todo eso. Agrupó a escritores y artistas que tenían un espíritu revolucionario. Con ellos llegó el modernismo y cambió la estética, pero tuvieron la virtud de acomodar los temas tradicionales de la ciudad de Sucre, como el pasado heroico o el clavel rojo. Entretanto, el grupo se reunía en las tiendas redondas- que hacían las veces de dormitorio, comedor y cocina-, donde las cholas vendían mercancía en abarrotes y especialmente bebidas. “Allá armaban la farra y fue donde se levantaron los pentogramas del cancionero popular sucrense, donde se estrenaban las cuecas y bailecitos -con letra generalmente del poeta Claudio Peñaranda y música de José Lavadenz- cuando la Sucre más tradicional dormía ya desde las siete de la tarde. Eran historias de grandes dramas y dramas de grandes historias ”,retrata fielmente Ríos Quiroga.

En la peña, mientras, se daba cabida a todo tipo de expresiones sentimentales, ideologías y excentricidades. Vestían como les venía en gana y su obra iba de acuerdo con su vida. Algunos de sus miembros fueron los mencionados Lavadenz y Peñaranda, el poeta Nicolás Ortíz Pacheco, el cuentista Osvaldo Molina o el también poeta Mendieta. De este último, Ríos recuerda aún alguna de sus grandes gestas. “Por una apuesta, por un plato de comida y un vaso de chicha, se robó la Cruz de Popayán de la hornacina que la alberga en la Colón, y la botó en un basurero. En su lugar dejó una nota: Cristo se trasladó de domicilio”. Luego, mención a parte merece Nicolás Ortíz Pacheco, maestro de la ironía y el ingenio y protagonista de un sinfín de anécdotas. Sobre él se cuenta que una vez estaba realizando sus necesidades en la puerta de la Catedral cuando apareció su tía. “Nicolasito, no se puede hacer aquí”, le espetó. “Tía yo estoy pudiendo nomás”, fue su hábil respuesta.

Los otros grupos
Entretanto, otras agrupaciones siguieron los pasos de La Mañana. Tal es el caso de La Peña. Sus integrantes, entre los que se encontraban Gunnar Mendoza, Fernando Ortíz Sanz o Julio Ameller Ramallo, se reunían en el café La Florida, que ya no existe, y peleaban contra las tradiciones negativas. De entre ellos, Fernando era el personaje más curioso. A pesar de su condición de diplomático y de haber visto mucho mundo, se decía de él que mantenía un espíritu de aldeano y que sería incapaz de reconocer a Gabriel García Márquez si lo encontrara paseando en la Plaza 25 de Mayo. Pero personalidades similares poblaron igualmente otras de las peñas. Así, por ejemplo, en la Fraternidad los 13 acostumbraban a festejar sus cumpleaños con un reventón callejero de cohetes y cohetillos. Éstos mismos, además, compusieron un himno al enrollado criollo, comida fundamental en los mercados.

El Antawara, por su parte, también ha dejado escritos que ya son una leyenda. Es lo que ocurre con el huayño “Noches de Sucre”, composición serenatera de la ciudad elaborada, como ellos decían, con “hebras de hondo cariño”. Mientras, grupos como La Cuerda Mayo tampoco se han olvidado de los símbolos de la urbe chuquisaqueña. “Éstos lucían siempre en sus reuniones el típico clavel rojo, que recuerda a los labios de la mujer sucreña”, apunta Ríos Quiroga. Y la puntilla, quizás, la puso el grupo Anteo, cuyo poema “Pido la Palabra”, de Eliodoro Aillón, dio vuelta a todo Bolivia como los primeros versos de protesta del país.

Ante tanta actividad pareciera que no transcurriera el tiempo, pero no es así y, paso a paso, se han ido viniendo ya las épocas más actuales. De esta forma, algunas constantes, como el estímulo de la bebida priorizando siempre el intercambio de ideas, se han mantenido. Otras, sin embargo, se han perdido. Y es justamente a este último trecho del quehacer bohemio al que pertenecen la Academia de la Mala Lengua Chuquisaqueña y otro de los movimientos referencia, el grupo Hacheh, creado en el 82, comandado por Félix Arciénega, “Mimo” Pacheco y Edmundo Salinas y cuyos años iniciales fueron, realmente, de creación intensa.

“Bajo ese nombre –el Hacheh- funcionaba mucha gente: músicos, poetas, novelistas, fotógrafos, cuentistas… nos reuníamos y hacíamos proyectos pero, a parte de algunas publicaciones y exposiciones, nunca terminamos en nada serio. Un día quisimos discutir unos estatutos y terminamos tomándonos una botella de vodka, y nunca hubo ni estatutos ni nada”, recuerda “Mimo” Pacheco, que actualmente regenta el café tertulia de la plaza principal. Hubo un intento de revista aunque sólo se llegó a compaginar el primer número. Después, cada uno siguió su propio camino. Ahora, Félix Arciénega es quizá quien más mantiene ese espíritu reivindicativo que les llevó a unirse. Por eso, a las puertas de su café, el H, nunca falta un panel de denuncia. “Félix sigue peleando con todo Sucre”, ríe “Mimo”.

Luis Ríos Quiroga observa en la distancia. Hoy, los jóvenes también conforman sus grupos y sus peñas. Aunque él jamás ha dejado de impregnarse de la bohemia, que define como “un refugio de revolucionarios –en el sentido de cambio- e incorformes”. Luis atraviesa la puerta de su pequeña y bien armada biblioteca. A su vera, está el patio de la casa, con los aires coloniales de la España de otra época. Afuera, mientras, queda la ciudad de las paredes blancas, de la universidad y los cafés y de los templos. Luis cierra la puerta a sus espaldas. Sucre, ya callada, duermevela. Y así se roba un capítulo más a la bohemia.

LA RUTA DE LA COCAINA


Publicado en la revista Escape / Autor: Álex Ayala Ugarte

Observación: Este artículo fue elaborado en el 2004.

En Miguel Alemán (México), muy cerca de Texas, los complejos residenciales amurallados de reputados barones de la droga se yerguen frente a las chozas de trabajadores. Tras las últimas intervenciones policiales, algunas de las mansiones están abandonadas, pero son las menos. El jefe de la droga local, Osiel Vera, fue tolerado durante largo tiempo, contribuyendo a la economía de la comunidad y, según dicen, poniendo generosas sumas de dinero en manos de las autoridades. A su vera, se articuló una gran red de narcotráfico.

Hoy, Osiel Cardenas, líder del poderoso Cartel del Golfo –que domina la región–, está preso. Las tropas mexicanas lo capturaron en marzo del año pasado, pero su tremenda influencia no ha desaparecido de la zona. Es más, en las últimas semanas Osiel Vera se ha convertido en una especie de Robin Hood latino, gestionando envíos de víveres y regalos desde la cárcel para las poblaciones más empobrecidas. Su poder es ya conocido por todos.

Su arresto, tras un sangriento tiroteo en una calle de la ciudad de Matamoros, desató una ola de violencia en el estado de Tamaulipas. Mientras, el cártel se reorganizaba y algunas bandas rivales penetraban en su territorio. Para los habitantes de la franja fronteriza, este es el pan nuestro de cada día. El año pasado, 200 policías locales fueron suspendidos y 20 despedidos por sospechas de vinculaciones con el narcotráfico. Se cree que gran parte de la violencia es impulsada por los Zetas, desertores del ejército que son ahora narcotraficantes.

Desde que asumió el poder en el 2000, el presidente mexicano Vicente Fox ha lanzado una ofensiva contra los barones de la droga que trafican con cocaína colombiana y marihuana y opio producidos localmente que envían a Estados Unidos. Pese a esto, la ruta que conduce la droga mexicana por la frontera –conformada principalmente por las localidades de Miguel Alemán y Ciudad Victoria y por el río Bravo– continúa casi inexpugnable. “Cada semana hay una ejecución, a veces dos o tres. Los grupos armados circulan libremente por las ciudades”, denuncia Heriberto Cantú, director del rotativo “El Mañana”.Nadie le hace caso.

Los principales mercados
México, heredando la tradición de los famosos cárteles de Colombia ocupa ya un lugar de suma importancia en los canales de distribución de la cocaína, esencialmente hacia Europa y los Estados Unidos. Hoy, es uno de los principales ejes. Sin embargo, no es el único. La mayor parte de países de Latinoamérica, tiene un papel muy importante en el narcotráfico.

Estados Unidos sigue siendo aún el principal mercado de la cocaína. Datos oficiales de su Departamento Antidrogas señalan que de las 850 toneladas producidas anualmente en todo el mundo 592 van a Estados Unidos, 180 hacia Europa y 78 se quedan en América Latina.

La mayoría de las rutas de entrada al país de las barras y estrellas pasan por México –a veces con escala en Centroamérica– y por el Caribe, aunque también salen de Colombia directamente a la costa occidental de EEUU o pasan por Venezuela para llegar a La Florida. Entretanto, Argentina y el sur de Brasil son rutas alternativas de los países andinos hacia el litoral oriental de Estados Unidos. Las incautaciones son pocas, no llegan al 35 por ciento.

Mientras, el tráfico hacia Europa se dirige fundamentalmente hacia la península ibérica, siendo Portugal el punto de ingreso más frecuente. Por Portugal y España pasa el 75 por ciento de la cocaína que llega al viejo continente, antes de seguir camino a Francia, Alemania, los países de la Europa Central y los países nórdicos. Al mismo tiempo, a Gran Bretaña se producen reenvíos desde Estados Unidos y a Italia y Grecia ingresa la cocaína atravesando el África, previa escala en el sur brasileño. También hay indicios, por el aumento de incautaciones en algunos lugares, de que Aruba, Suriname, Jamaica y otras islas del Caribe son puntos de tránsito de la cocaína andina hacia Estados Unidos y Europa.

A su vez, Europa central y oriental junto a los Estados Bálticos son mercados de tránsito de creciente importancia hacia las naciones que pertenecían antes a la antigua Unión Soviética.

Finalmente, África se alza como el más remoto de los mercados. Los países de sus costas 64occidental y meridional reciben cocaína del Brasil, destacándose el caso de Nigeria como plataforma de reexportación a Europa. Sudáfrica, por su parte, es abastecida a través de Argentina y Chile, ocupando el segundo lugar de importancia en incautaciones tras Nigeria.

Por si fueran pocos los países de la ruta, Líbano se ha unido al club de los exportadores. Así, fabrica su propia cocaína y hace de enlace para hacer llegar la droga que viene de Brasil a Oriente Medio. La mayor parte de se comercializa en Japón, Corea y Hong Kong.

La conexión brasileña
Con todo, pese a que las rutas son realmente múltiples, se puede decir que Brasil, la conexión amazónica, es vital en el tránsito de la cocaína. No es extraño, si se tiene en cuenta que los principales países productores de la materia prima –la hoja de coca– rodean o están muy próximos a su frontera: Bolivia, Perú y Colombia y, en menor medida, Ecuador.

De los tres exportadores principales, Colombia es el país que menos toneladas de hoja de coca produce, pero donde se concentra el grueso de la elaboración de cocaína. Para eso, necesita exportar cantidades ingentes de insumos intermedios y precursores químicos de los países vecinos, especialmente de la Argentina y del Brasil, y también de la Unión Europea.

A Colombia le interesa elaborar su propia cocaína por una sencilla razón: los precios que luego ésta llega a alcanzar en los mercados se multiplican. Según el director de las Fuerzas Especiales Contra el Narcotráfico de Bolivia (FELCN), el coronel Luis caballero, en Estados Unidos se llega a pagar 18.000 dólares por kilogramo; en Europa, entre 45 y 50 mil y en Japón el kilo de cocaína elaborada se cotiza en las urbes hasta en 100.000 dólares.

El negocio mueve millones. En Washington, desde donde la Casa Blanca dirige su particular lucha contra el narcotráfico, a la agencia DPA le bastaron unos minutos para ver cómo se consigue cocaína a sesenta dólares el gramo. Sólo en EEUU, cinco millones de drogadictos y cuatro de consumidores ocasionales hacen circular 64.000 millones cada año.

En este contexto, la Amazonía juega un papel especial, pues su exuberante vegetación permite que los narcotraficantes transporten la cocaína con más comodidad y garantías que por otros lugares. Así, una gran parte de los principales centros de producción de la hoja de coca y la cocaína están conectados de alguna manera con la increíble cuenca del Amazonas. El acceso se produce a través de más diez corredores diferentes para el tránsito de la droga.

Por ejemplo, en los valles altos de Huallaga y del Ucayali, afluentes del Amazonas, se produce la mayor parte de la coca-cocaína peruana; en Bolivia, las regiones productoras de hoja de coca, el Chapare y los Yungas, están conectadas por vía fluvial con los ríos Gauaparé y Madeira, que atraviesan buena parte de la amazonía; en Colombia, los canales son los valles altos de Apaporis, Caquetá, Vaupés y Putumayo, que enlazan con el Brasil.

Como es lógico, los estados fronterizos, en especial Mato Grosso do Sul y la Rondonia, son los que más acusan el narcotráfico.La violencia suele hacerse notar en sus poblaciones.

Finalmente, hay que destacar que las rutas son de doble sentido: la droga viaja en dirección al Atlántico mientras que, en dirección contraria oro, joyas, material electrónico, productos químicos y vehículos robados pasan de contrabando hasta el Pacífico. Para ello se utilizan un sinfín de medios de transporte: fluviales, marítimos, ferrocarriles y pistas clandestinas.

Centroamérica y el Caribe
Los roles parecieran definidos. Por un lado los países productores de materia prima y, por el otro, los principales países de salida: México y Brasil. Sin embargo, esto está cambiando y Centroamérica se alza como otro puente estratégico del narcotráfico con Estados Unidos.

¿Por qué? La vigilancia es escasa. Basta hacer notar que en los países que conforman esta franja –fundamentalmente en Costa Rica, Honduras y Nicaragua– el consumo es casi lícito y los jóvenes consumen los estupefacientes a plena luz del día ante la desidia de las autoridades. La ruta de tránsito más famosa se llama Moskitia.Sale de Colombia y atraviesa estos tres países por vía marítima, por el Atlántico, para terminar en los puertos de EEUU.

Entretanto, el Caribe es la zona preferida últimamente por el tráfico ilícito debido a la extrema debilidad de sus controles. Puerto Rico y las Islas Vírgenes de EEUU son los puntos de entrada de los mayores alijos de droga en ruta hacia América del Norte. Las Antillas Neerlandesas, Aruba, y Martinica, por su parte,lo son para Francia y Reino Unido.

Pero no es todo, pues esto se une a otro problema creciente que parece no tener freno en estos lares: el blanqueo del dinero que proviene del narcotráfico, fomentado por las lagunas administrativas y legislativas de estos lugares. Como dato, en los últimos diez años las operaciones de lavado de capitales representaron entre el 2 y el 5 por ciento del Producto Nacional Bruto mundial, dinero dirigido justamente desde estos puntos débiles del sistema.

Pese a la relevancia del hecho, sigue sin ser lo más grave del asunto. Lo preocupante es que la adicción –con todo lo que conlleva– se está extendiendo a marchas forzadas por las zonas metropolitanas de Latinoamérica como método para sobrevivir y soportar la indigencia. Este fenómeno es común a Caracas, Bogotá, Lima, Santiago de Chile, San Pablo, Río de Janeiro, Buenos Aires y México. A Bolivia, mientras tanto, le conviene mantenerse atenta. Ya lo dice el refrán: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”…

Con datos de la DEA, Reuters, DPA, FELCN, Universidad de El Salvador e IBL News.

CUADRO- LAS OTRAS DROGAS
No sólo de cocaína viven los drogodependientes. Por esa misma razón los narcotraficantes completan sus ingresos con el tráfico de otros estupefacientes, fundamentalmente el cannabis, la heroína y los psicotrópicos.
Respecto al Cannabis, hay que resaltar que no hay más que 20 países en el mundo donde se cultiva la hierba de cannabis, más conocida como hachís, y en la mayoría de ellos la parte de producción propia que se consume es muy alta y, por tanto, pocos países intervienen significativamente en el tráfico internacional.
En cuanto a la heroína, es sabido que los principales productores son el “Triángulo de Oro” del Asia sudoriental –Lao, Tailandia y Myamar– y la “Media Luna de Oro” del Asia sudoccidental –Afganistán, Paquistán e Irán–. Entre todos producen el 94 por ciento de la cosecha de resina de opino. Tres estados latinoamericanos, Colombia, México y Guatemala y cinco países del Asia centran aportan el pequeño resto. Los mercados más importantes para la heroína son Europa, Estados Unidos y Canadá.
Finalmente, en relación a los psicotrópicos –las drogas de diseño–, se debe destacar que los principales productores son aquellos países con un considerable desarrollo. En ellos se ofrece una amplia gama de productos. Para la fabricación de sustancias psicotrópicas es necesaria la presencia de una industria química relativamente avanzada.

LAS CIFRAS DEL NARCOTRÁFICO
Producción mundial de cocaína (850 toneladas)
Cantidad que va hacia Estados Unidos (592 toneladas)
Cantidad que va a Europa (180 toneladas)
Cantidad que se incauta (192 toneladas)
Cantidad que se mantiene en tránsito (100 toneladas)

PAISES VINCULADOS
Principales productores de materia prima- Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.
Principales países de tránsito- México, Argentina, Brasil, Venezuela, Jamaica. Nigeria, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Puerto Rico y Martinica.
Principales mercados- Europa, Estados Unidos, Japón, Sudáfrica, Corea, Unión Soviética y Oriente Medio.

TREK POR APOLOBAMBA


Publicado en la revista Escape / Autor: Álex Ayala Ugarte

Subtítulo- El camino desde Lagunillas hasta Agua Blanca es el que más frecuentan los turistas. Allá los camélidos, pueblos mágicos de piedra y el sonido de los pífanos recorren los senderos.

Paulino Puyasaca lleva incrustada entre ceja y ceja la mirada de las mil leguas, esa que alisa los horizontes y recorre inconscientemente las sendas de un vistazo, incluso tras los cerros. A sus 27 años son los caminos quienes caminan por las venas a Paulino. Envuelto en un poncho de tonos rojos,con el morral al hombro y la coca entre los dientes,jamás ha dado un paso en falso.Y en su Lagunillas natal hace las veces de guía y embajador de Apolobamba.

Situada en las provincias Bautista Saavedra, Franz Tamayo y Larecaja de La Paz, este Área Natural tiene una superficie de 4.837 kilómetros cuadrados y alberga en su interior una gran diversidad de ecosistemas, en altitudes que oscilan entre los 800 y los 6.200 metros. Es el hogar de animales como la vicuña, el jucumari, el ciervo y el puma y en sus tierras crecen hasta 1.500 especies distintas de plantas,muy utilizadas por los médicos kallawayas.

La población de Lagunillas, precisamente, es tierra de Kallawayas. Con un pequeño lago –lleno de ibis y patos silvestres– y enclaustrada entre cerros con las nubes cortando al ras, Paulino recibe allá a los turistas y mochileros de buena zancada que quieren recorrer la zona. El pasado año más de 150 personas se decidieron por estas rutas, cuyo interés crece.

Comienza el trek
Para cada travesía, Paulino alista mulas, llamas o caballos. Por el momento, la senda más famosa, conocida como el camino del inca, es la que va de Lagunillas hasta Agua Blanca, pasando por Curva y Pelechuco. Demora cinco días y está llena de sorpresas. Pero no es la única. Otras rutas alternativas, como el camino del cóndor desde Agua Blanca hasta Apolo –por selva casi vírgen– o el de la vicuñita –por las faldas de los nevados–, están ya en alza.

Ninguna de éstas,sin embargo,es tan concurrida como la primera.Y Paulino, acostumbrado a madrugar, disfruta más que sufre durante las jordanas de trek. “A mí y a mi hermano nos enseñaron los circuitos las personas más viejas de Lagunillas. Primero fui ayudante y desde hace dos años soy guía”.Hoy 21 comunarios son parte a la Federación de Guías y Arrieros.

El primer día de la caminata estrella se conoce Curva, que con sus casas de adobe y piedra descubre desde el cerro que preside ríos, serranías y cumbres como la del Akamani, que con sus 6.400 metros es la que reina Apolobamba. En las laderas, mientras, las terrazas de cultivo producen papa, oca, tarwi, papalisa, haba y avena, manteniendo el mismo sistema productivo del incaico. Y Curva surge como cuna genuina de la ancestral cultura kallawaya.

Reconocida por la Unesco como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, agrupa en su seno a médicos viajeros conocedores del diagnóstico y cura de enfermedades y las propiedades farmacológicas de las plantas. “Acá tenemos el hospital kallawaya, que mezcla nuestros conocimientos con los de la medicina tradicional –explica Nazario Mamani, uno de los curanderos–.Nosotros estamos por todo el país:Oruro, Beni, Pando, Potosí, La Paz…”

Las jornadas más duras
Juan Casilla Mamani, guía de Agua Blanca que realiza el trek a la inversa que Paulino, sabe, sin embargo, que las jornadas más intensas son las intermedias. Es entonces cuando se atraviesan los apachetas, túmulos sagrados de piedra situados en los pasos más altos de la montaña. “A ellos se les ofrenda una piedra macho –de color blanco–, que simboliza el cansancio que se deja atrás”, ilustra.Una vez terminado el ritual,ya se puede seguir camino.

Los apachetas más venerados son: Muro Qarqa, Illampu, Viscachani, Mil Curvas, Sunchulli y Keansani. Juan salta de una piedra a otra con su mirada de navío y su temple embutido en un par de zapatos viejos. Tiene la juventud del caminante y 21 años de vida. Y en las sendas que dispone se roza el Akamani. “Hay que tener cuidado para que no se enoje –avisa–.Cuando lo hace arrecian las tormentas y nos manda su granizo, de un color rojizo”.

Entre formaciones rocosas y bofedales se cruzan ríos, paredes de pizarra, los antiguos corrales de piedra de los incas y nidos de cóndores. Por tramos, las mulas y los arrieros sufren con kilos y kilos en sus espaldas.Pero el espectáculo lo merece: minas abandonadas, antiguas estancias de la colonia y glaciares. Existen, además, varios lugares de acampada.

Llegada a Agua Blanca
Poco a poco el paisaje se transforma. Cuando ya se huele Pelechuco, pequeños bosques de queñua lo invaden todo, el rumor del río se hace nítido y aparece el pueblo en una hoyada.

Pelechuco, como sacado de un cuento, está cincelado a paja y piedra. En su plaza un reloj alemán de aguja marca siempre la misma hora. Un negrito ha sido esculpido como fuente y musgo, tierra y flores de colores vivos rodean paredes que sobreviven al devenir del tiempo
Un único teléfono, horadado en uno de los recios muros de la plaza, les conecta al mundo.

El quinto día se llega hasta Agua Blanca. Pero antes se recorren dos lugares increíbles: las ruinas de Huanán y de Huatara, centros arqueólogicos precolombinos rodeados de pukaras de piedras circulares, casas medio derruidas, canales recubiertos de maleza y huesos. Y Juan reconoce que se han removido algunas cosas. “Quienes lo han hecho han enfermado”.

Mientras, arribar en Agua Blanca es casi igual que entrar en un pueblito abandonado. Sólo las mujeres y los niños se ocultan de las miradas imprevistas tras los quicios de las puertas. Los hombres marchan a la mina de madrugada y no regresan hasta que la luz se desvanece.

El trabajo es duro, pero de alguna manera siempre ha sido así. Con los incas, los originarios fueron mitayos y con los españoles esclavos. Aunque por aquel entonces no existía Agua Blanca, que con sus 25 años ha nacido al compás de los caminos carreteros. Y el pueblo, llamado de esa manera por lo cristalino de sus ríos, quiere abandonar la incertidumbre que supone el oro y está viendo en el turismo una alternativa. Su albergue, con varias camas, comida y agua caliente, como el de Lagunillas, cobra cada noche Bs 25.

La otra Apolobamba
Pero el Área Natural de Apolobamba es mucho más que su famoso trek, pues realmente constituye el punto cumbre del nudo ecológico que le rodea. Son sus aguas producto del deshielo y de la lluvia las que alimentan y nutren de materia orgánica al trópico y Amazonia.

El resto, el aroma inconfundible, lo ponen las representaciones culturales, que se arrastran desde tiempos ancestrales. El sonido del valle es el pífano, que envuelve los cerros con el eco de su gran lamento solitario cuando los pueblos están de fiesta u homenaje o de velorio.

De entre todos, los amareteños son los que mantienen una relación más engarzada a sus costumbres. De rasgos gruesos y pocas palabras, sus tejidos se mantienen siempre fieles a sí mismos. En Amarete se viste igual que hace 100 años. Y las mujeres son las que más llaman la atención, con largos vestidos negros hasta la canilla, con adornos en los bordes de la falda y de las mangas, con una faja de color ceñida a la cintura, un sombrero bajo de copa redonda y obejtos de plata colgando,normalmente cucharas, para ahuyentar tormentas.

Muy cerca de allá se encuentra Charazani, que además de ser la capital de la provincia Bautista Saavedra dispone de unas aguas termales especialmente recomendadas para tratar el reumatismo. En su plaza, mientras, un museo recoge lo mejor de los textiles de la zona.

En algunos de los lagos, como el Cololo ¬de origen glaciar y camino hacia Agua Blanca–, se puede navegar y se practica pesca deportiva, de trucha, bajo el control de guardaparques.

Ya de vuelta a los caminos, santo y seña de Apolobamba, lo que no faltan son las llamas, alpacas y vicuñas. La repoblación de estas últimas, sobre todo, le ha dado un aire todavía más andino a la región. “De 300 hemos pasado casi a 9.000”, destaca Juan Carlos Gómez, el director del área. Y las comunidades esquilan su lana, pero no se benefician de su carne.

Como Alpaca, Juan Casilla Mamani y Paulino Puyasaca trepan y serpentean los senderos con una habilidad innata. Con los turistas deben caminar despacio, pero cuando van solos hacen el trayecto Curva-Pelechuco en poco más de un día. A su alrededor, Apolobamba cobra vida. Kallawayas van y vienen. Algunos se suicidan, según la tradición cuando la mujer les fue infiel durante sus viajes, y las rutas de comercio hacia Perú nunca descansan.

Esa otra es la Apolobamba mística y escondida. La que no se descubre en las caminatas, la que palpita en las entrañas de las minas, en las aristas sin pulir de las piedras, en los pueblos que se mecen en las nubes. Pero para conocerla,hacen falta algo más de cinco días.

CUADRO- Las fiestas
Disfrutar de Apolobamba es también, de alguna manera, disfrutar de sus festejos. Por eso, nunca está de más dar un paseo por las comunidades en las fechas especiales. La fiesta cumbre, en muchas de ellas, suelen ser los carnavales, momento en el que el valle se llena de color, música y trajes típicos. Luego, en Pelechuco el baile Auki Auki es lo característico de Pascua. Y en Charazani, Amarete y Curva se celebra a principios de agosto la Virgen de las Nieves. En Curva, en estos días, es muy tradicional lo que llaman la “corrida de toros”, en la que los más jóvenes del pueblo se enfrentan cara a cara a los más vivos ejemplares.

domingo, mayo 13, 2007

NIÑOS DE LA CALLE (EXPOSICION)


Publicado en la revista Escape / Autor: Álex Ayala Ugarte
Foto: Alejandro Azcuy

Para saber que son niños de la calle basta con mirarles los zapatos. Están sucios, están gastados y apenas tienen suela. Para asegurarse, con levantar la vista es suficiente. Se los intuye de un solo vistazo. Sus rostros son tibios, melancólicos, apenas una leve mueca vacía, de circunstancias.
Con la única finalidad de retratar su realidad, el lente frío del fotógrafo cubano Alejandro Azcuy ha estado con ellos en las aceras, en los hospitales, en los hogares de acogida, en los torrantes y en los nichos huecos del cementerio donde duermen, en las calles atestadas y en las habitaciones donde poco a poco recuperan su personalidad original, su alma de niño.
Hoy, el resultado de tres años de trabajo persiguiendo historias es una muestra en la Casa de la Cultura bajo el título “Los niños nacen para ser felices”. Enmarcada en el primer festival de fotografía de La Paz, organizado por Sandra Boulanger, 21 imágenes de gran formato dan buena cuenta del Vía Crucis de la calle: pasión, muerte y, a veces, reinserción.

El reflejo de la sociedad
Según datos del último censo nacional, por lo menos 800.000 niños del país viven en una situación de alto riesgo. Esto significa que a algunos los obligan a trabajar, que no van a la escuela, que no tienen acceso a la salud, que padecen una situación extrema de pobreza y que, por lo general, se ven abocados a vivir en la calle. Algunos han abandonado familias desintegradas; otros migraron con sus padres desde el campo y ante las carencias no tuvieron más opción que buscarse el chairo por su cuenta; y los más han sido víctimas de la violencia familiar hasta que ya no aguantaron y decidieron escapar.
“Los niños de la calle son el resultado de lo que nosotros somos como sociedad”, sostiene Claudia Gonzales, responsable de Alalay, una institución que trata de rehabilitar a los niños en sus hogares.
Donde los pequeños son precisamente más vulnerables es en los denominados “países del sur”, en los que la desigualdad, la exclusión, la discriminación, la injusticia y los conflictos son el pan con que sus gentes se desayunan cada día. Y es en ellos donde los menores sufren desgracias inimaginables y violaciones que vulneran constantemente sus derechos. Se les da a entender que a nada pertenecen, ni a la sociedad ni a sus familias. Su condena es el destierro.

Una luz al final del túnel
Las imágenes más duras —agonías en los hospitales, cleferos en pleno “vuelo” o niños durmiendo en alguno de los torrantes de la avenida del Poeta— a pesar de que se han omitido en esta nota no dejan de reflejar una de las realidades más intensas y dolorosas de aquellos que tienen el cielo como techo y la tierra casi como única cama.
“Ante escenas como estas es difícil que uno no llegue a sentir nada. Como fotógrafo, yo hago la fotografía, pero luego viene siempre una carga emocional enorme, aunque uno debe intentar que eso no le domine”, mantiene Azcuy.
Miles de cuerpos y cientos de rostros pasearon frente a su cámara en estos años: una niña confesándole al oído a otra un tímido secreto, unos muchachos que ansían llegar a ser el equipo de fútbol de la fotografía, unos plátanos que hacen de improvisada peluca al compás de una sonrisa, un pequeño que alberga en una flor sobre su cabeza sus tiernas esperanzas, una muñeca que igual evoca anhelos...
Son instantes que se entrelazan unos con otros. El niño de ojos tristes, marinos y profundos que hoy está en la calle es posible que pierda esa mirada si llega a encontrarse a gusto en una casa de acogida.
Pero no siempre hay un final feliz. Según datos de Alalay, dos de cada 10 niños que entran a sus casas al día siguiente están de vuelta al frío espantoso de la ciudad, al alma en pena de los bloques de cemento, al sentido vacío de la clefa.
“Ansían la libertad —resume Claudia—. Habituados a no cumplir ninguna regla no se hacen a la idea, en cierta parte, de perderla. Están acostumbrados a no tener horarios, a nunca ir a la escuela”.
Por eso, hay quien nunca dejará la calle. Sobre ellos son las imágenes de niños que parecen viejos, de vidas que se agotan a los 30, de partos en la acera que dan lugar a historias que se repiten, a hijos que reviven lo que ellos ya vivieron antes. “Es un círculo vicioso. Los que no logran salir terminarán inevitablemente atados a un destino marcado por la delincuencia, el alcohol, la clefa o la prostitución”.
Por contra, para los que se dan a sí mismos otra oportunidad en las casas de acogida cabe la posibilidad de atisbar una luz al final del túnel. “Depende de ellos —sentencia Claudia—. El único requisito para entrar es que ellos quieran”.
Inevitablemente, a veces llega un momento en que las dos caras, la de los que vuelven a escapar y la de los que se quedan, vuelven a encontrarse, se encuentran en la calle.
Al respecto, Azcuy se conmovió tremendamente con una escena que recurrió fugazmente su ojo antes de ser engullida por la cámara. “Detrás de esos segundos para siempre está la historia de Eddy, un muchacho que se rehabilitó en uno de los hogares de Alalay, viajó a Sao Paulo y hoy es un chef famoso en el país vecino. Cuando nos visitó, volvía a La Paz después de muchos años. Y todos juntos fuimos a un torrante de la avenida del Poeta donde antes vivía. Allá reconoció a uno de sus amigos, a un compinche también llamado Eddy que rompió en lágrimas nada más verle”. Todo parecía igual que antes, salvo por una insalvable diferencia, uno estaba fuera, libre del infierno, y el otro todavía estaba dentro.

Camino a la salvación
La calle es un lugar sin ley. Cuando uno cae en ella es como si empezara a vivir de nuevo. Si tiene hambre, aprende a robar un pan para no morirse. Si tiene sueño, se acomoda en cualquier lugar y duerme.
“A veces, ni los mismos policías respetan a los niños —denuncia Claudia—. Los ven sólo como a meros delincuentes. Y algunos violan a las menores y extorsionan a los pequeños pidiéndoles dinero”.
Para salir del paso, los niños se protegen entre ellos. “Son muy solidarios entre sí, como una gran familia que comparte los problemas”.
Algunos suelen relacionarse también con los niños trabajadores, lustrabotas, voceadores y otros con jornadas laborales que en ocasiones llegan a superar las 12 horas. “Son los que están a un paso de irse a vivir definitivamente a la calle”.
Y Alalay trabaja con ambos en La Paz, El Alto y Santa Cruz, con los que ya están fuera de sus casas y con los que están a punto de escaparse. “Tenemos tres fases —explica Claudia—. La primera es el trato directo en las calles, en el que el objetivo es establecer lazos de confianza, conseguir que se abran. En la segunda, mientras, cuando ellos deciden intentar cambiar de vida, se les integra en una casa de acogida. Tenemos para chicos, para chicas y para adolescentes embarazadas. En esta fase reciben vivienda, salud, apoyo social, psicológico y legal y educación. Además, si están dispuestos, igual tratamos de contactar a sus familias. Luego, van a las aldeas, donde se les capacita y se les ayuda a encontrar un trabajo. Finalmente, se independizan”.
Como Alalay, otras ONG e instituciones hacen lo mismo, pero las que cuentan con infraestructuras y programas adecuados no son muchas, por lo que no se soluciona ni una minúscula parte del problema. “Si consigues sacar de la calle a 10 niños y entran otros 10 es como si realmente no se hiciera nada, como si uno se encontrara ante un pozo sin fondo —reclama Alejandro Azcuy—. Lo que hacen falta son más políticas de prevención por sobre todo del Estado”.
Mientras tanto, la exposición de la Casa de la Cultura quiere ser un sopapo a las conciencias. “Este suele ser un tema que la gente trata de olvidar porque no quiere darse cuenta de una realidad que existe, aunque la sientan al margen de sus vidas. Por eso, lo que he intentado es que las imágenes golpeen duro en los corazones, para que el que las vea en algún otro momento vuelva a recordarlas”.
El blanco y negro de las fotos lo condensa todo: decepción, frustración, coraje, alegría y corazón.
Pero la mirada clave es a los zapatos. Esta es la razón por la que el fotógrafo cubano haya buscado simbolizar el cambio en ellos. En una de sus imágenes, los cordones desatados, el cuero abierto y las tonalidades despintadas se han dejado atrás. El calzado se agolpa en un estante, es parte de un pasado a la intemperie que se abandona.
“Quienes son el futuro del mundo, muchas veces están perdiendo su presente —sintetiza Azcuy—. Y las conclusiones de las reuniones sobre la problemática infantil se firman en declaraciones que terminan quedando sólo en el papel”.
Una fotografía, por lo menos, es un retrato que permanece para siempre. Se lleva en un bolsillo, inserta entre las páginas de un libro, en una carpeta, se reivindica en un póster, se guarda en un álbum de recuerdos, cuelga enmarcada en una pared vacía y, en definitiva, si merece la pena se retiene en la memoria.
En ella están las pasiones, los buenos momentos, las desgracias y miserias, están las historias agolpándose entre líneas, está la esperanza, está la calle, están “los niños que nacieron para ser felices”.

sábado, mayo 12, 2007

PERFIL LIGERO DE EVO MORALES AYMA


Publicado en Recta Final antes de las elecciones de 2005 / Autor: Álex Ayala Ugarte
Caricatura: Archondo

Subtítulo- El candidato a la presidencia por el MAS tuvo una infancia dura en el campo. Sus enemigos y oponentes políticos lo acusan de narcotraficante y bloqueador.

"Cuando tengo problemas muy serios, después de dormir un poquito, a eso de la 1.00 de la madrugada rezo a mis padres. A veces, los sueños me guían. Hace unos días, precisamente, soñé que agarraba una wawa grande". ¿Sería la presidencia? ¿Sería un nuevo hijo para Evo Morales, el candidato del MAS? "No, lo que significa eso es plata", sentencia el político.

Mientras espera, entonces, que llegue la época de vacas gordas, Evo Morales Ayma se levanta todos los días a las 5.00 de la mañana. "A esa hora comienzo el día, siempre con varias reuniones".

Madrugar no le resulta duro, pues lo lleva haciendo desde que era un niño. Y es que Evo Morales nació en 1959 en el seno de una familia campesina, agrícola, de Oruro. Hijo de Dionisio Morales Choque y María Ayma Mamani —ambos fallecidos—, Evo descubrió desde chico lo dura que es la vida: cuatro de sus hermanos murieron muy pequeños y él casi fallece en el parto. "El día que estaba naciendo mi madre fue víctima de una fuerte hemorragia. No había médicos ni enfermeras para atenderla y sólo la intervención de una curandera anciana del lugar nos salvó", dice.

Fue una de las primeras experiencias del Evo niño, un muchacho que recogía las cáscaras de naranja que lanzaban desde las flotas para hacer luego infusiones.

Pero no la única. Con sólo seis años se fue junto a su hermana y su padre a trabajar en la zafra en el norte argentino. Allá, vendía helados para ayudar a la familia. "En el campo, uno desde el momento que camina empieza a trabajar".

Sin embargo, nada le ha marcado más al líder del Movimiento Al Socialismo que su llegada, por necesidad, a las tierras del trópico cochabambino. Allá, tras realizar antes el servicio militar en La Paz, un Evo todavía joven se hizo mayor, y pasó a ser sindicalista.

Desde ese momento, su ascenso ha sido progresivo. Y fue en esos años de labor sindical donde se ganó toda una serie de calificativos que todavía hoy le acompañan. Algunos aún le llaman líder cocalero. Otros, sus enemigos, narcotraficante —aunque hasta el momento nadie ha podido demostrar esas acusaciones— y otra buena parte de sus oponentes políticos y líderes de diferentes sectores de la sociedad civil lo consideran bloqueador por su participación en conflictos de algunos cocaleros o campesinos del país.

Por otra parte, también en esa época, el orureño se ganó fama de conquistador. Y hoy tiene al menos dos hijos conocidos, de los que casi nunca suele querer hablar.

Evo, mientras, es consciente de que los años de lucha sindical en el Chapare han sido de los más duros de su vida. "En 1981, un cocalero fue rociado con gasolina y asesinado de forma salvaje por los militares del dictador García Meza. No podía creerlo. Pensaba que el presidente era el papá de los bolivianos. Pero así abrí los ojos".

Entonces, no tardó en empezar a ser también hostigado. "He sido torturado y he estado encerrado". Al respecto, Evo Morales todavía recuerda un encontronazo con Carlos Sánchez Berzaín cuando éste era Ministro de Gobierno en el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. "Yo estaba acá en La Paz, confinado en las celdas subterráneas y Sánchez Berzaín me hizo llevar a su despacho. Allí, puso sus pies encima de la mesa y me dijo 'Evo tienes que erradicar la coca. Si no cambias, te dejo tres caminos: Chonchocoro, el cementerio o los Estados Unidos'. ¿Y quién es el que tiene en este momento los tres caminos?", ironiza.

Quien dice esto es el Evo Morales político. "En 1997, aunque era muy difícil de creer, resulté ser el diputado que más votos obtuvo en Bolivia", certifica el orureño.

Así, a pesar de las críticas de un manejo excesivamente sindical en las comunidades del Chapare y de cierto encasillamiento como diputado cocalero, el ascenso de Evo Morales ha ido creciendo elección tras elección.

Ahora, entre tanto, Evo sigue rodeándose por gente de su entorno, viste habitualmente con una chaqueta azul y sus pómulos marcados van a la par con su porte.

Y allá donde va, arrastra en pequeñas dosis la polémica. Es cuestionado, por ejemplo, por su amistad con políticos de izquierda como Fidel Castro o Hugo Chávez. "Aunque nadie destaca que me he reunido con Kofi Annan, Vicente Fox o Rodrigo Rato", señala.

¿Y si llega a ser gobierno? "El ama sua (no seas ladrón), ama llulla (no seas mentiroso), ama kella (no seas flojo) y ama llunku (no seas servil) van a ser vitales". Aunque también confía en la herencia de sus padres, "pues me dieron dos ojos bien puestos, dos manos bien puestas y dos bolas bien puestas".

CARRERA

Política: Por la pobreza de Oruro tuvo que migrar al Chapare, donde dirigió como secretario general el sindicato del trópico. Luego se transformó en el máximo dirigente sindical de la Federación de Cocaleros del Chapare, lo que le sirvió como catapulta para ingresar a la arena política boliviana.

Trabajos: Ha sido agricultor, pastor, vendedor de helados, ladrillero y panadero, entre otras ocupaciones.

CONFIDENCIAL

Actualmente, vive en un anticrético de Cochabamba y se levanta temprano todas las mañanas para ir a reuniones.

Confiesa que ahora es más exigente con la gente que trabaja con él que cuando era un dirigente en el Chapare.

De pequeño cuenta que hacía sus tareas sobre adobes, con la luz de un mechero y sentado sobre un cuero de oveja.

Una de sus pasiones es el deporte. A las reuniones sindicales del trópico iba siempre con un balón de fútbol.

PERFIL POLITICO DE EVO MORALES


Publicado en la revista Zoom antes de las elecciones de 2005 / Autor: Álex Ayala Ugarte
Foto: Zoom

Subtítulo- Protagonista de bloqueos y acusado de ser financiado por el venezolano Hugo Chávez, Evo Morales es el candidato mejor posicionado para ocupar la silla presidencial. A su favor tiene buen apoyo de los movimientos sociales. En contra, cierto radicalismo.

Nacido el 27 de octubre de 1959 en el departamento de Oruro, en el seno de una familia campesina aymara, Evo Morales Ayma suscita admiración o rechazo, pero casi nunca indiferencia. Para unos, es considerado el conductor de la lucha por los derechos de la empobrecida mayoría indígena del país —alrededor del 67 por ciento de los bolivianos—, oprimida durante siglos. Para otros, sin embargo, es un factor constante de desestabilización e incertidumbre, que ha contribuido en la caída de un presidente —Gonzalo Sánchez de Lozada— y ha tenido mucho que ver, por su presión, en la caída de otro, Carlos Mesa, con quien mantuvo una relación estrecha y de cierta cooperación al comienzo de su gobierno. Ahora, Evo Morales podría convertirse en el primer líder indígena en gobernar.

En su infancia, Evo Morales trabajó cuidando llamas, en labores agrícolas y trasquilando ovejas. También, cuentan, recogía las cáscaras de naranja que botaban los pasajeros de las flotas para hacer infusiones. A los 16 años demostró ya su condición de líder al asumir como director técnico de un equipo de fútbol de su región y organizar campeonatos deportivos. Luego, fue trompetista de la Banda Imperial de Oruro. Pero con la relocalización de los mineros y el Decreto 21060, en la década de los 80, el orureño y su familia emigraron al Chapare, en el trópico de Cochabamba, donde eran mayores las posibilidades de salir adelante. Fue en esa época que comenzó a cultivar la hoja de coca, comenzando a emeger paulatinamente como líder durante el gobierno de Jaime Paz Zamora.

La hoja de coca. La posición del postulante del MAS respecto a la hoja milenaria quedó clara en esta campaña electoral, cuando aseguró que lo que hay que atacar es el narcotráfico y no a los cultivadores, entre los que cuenta con gran apoyo. Así, Morales afirmó que despenalizará el cultivo de la hoja. Su partido explicó que buscará cambios en la Ley 1008 para permitir coca en el Chapare. "La actual política de cero coca y cero cocaleros se cambiará por cero narcotráfico". Para él, la hoja tiene un fin cultural y medicinal.

No es de extrañar esta postura, si se tiene en cuenta que el actual liderazgo de la cabeza del Movimiento al Socialismo procede precisamente de los sindicatos de los campesinos productores de coca de la zona central boliviana del Chapare, donde está penalizado el cultivo porque la política de Estado antidrogas sostiene que la mayor parte de la hoja está destinada a la elaboración de cocaína.

Y es que, según un estudio realizado por el Grupo Nizkor —que trabaja por los derechos humanos y contra la impunidad en América Latina y en el mundo—, el 60 por ciento de la cocaína que ingresa a EEUU es de origen boliviano, "aunque sean colombianos los que mayormente intervienen en la etapa final de la 'cristalización' de la cocaína y en la internación ilegal a ese país, en coordinación con grupos mafiosos, que suelen operar en Florida".

Según los informes, basados en los datos de las Naciones Unidas y la Oficina Antinarcóticos de Estados Unidos, se señala que mientras el consumo legal asciende nada más que a unas 12.000 hectáreas cultivadas, el resto —más de 30.000— termina, por necesidad, en otros circuitos.

Sea como fuere, lo cierto es que la trayectoria de Evo Morales ha estado siempre muy ligada a la hoja de coca. Así, fue escalando posiciones hasta convertirse en un líder que llegó a opacar a la Central Obrera Boliviana (COB) y a la propia Confederación de Campesinos.

Con su liderazgo, se opuso al plan de coca cero en el Chapare, enfrentó a los gobiernos de turno y protagonizó una meteórica carrera política, catapultada sobre todo por su desafuero político como diputado durante el gobierno de Tuto Quiroga, que lo llevó el 2002 a pelear por la presidencia contra el experimentado Gonzalo Sánchez de Lozada.

Con todo, durante su proceso de transformación de sindicalista a político, Evo ha sacado a relucir en diferentes ocasiones una de sus facetas como dirigente: la de bloqueador, protagonizando paros y cortes de caminos que han causado miles de dólares en pérdidas para el país en conflictos en los que hubo muertos por ambos bandos.

Bolivia bloqueada. En los últimos años, tres son los bloqueos fuertes que se consideran liderados por Morales.

El primero, fue durante la llamada "guerra del agua", en abril del 2000, en la que el dirigente participó activamente en la expulsión de Cochabamba de la transnacional Aguas del Tunari, en lo que fue visto como la primera victoria de las fuerzas antiglobalización contra el modelo liberal.

Poco después, el gobierno libio de Gaddafi le entregó su premio más prestigioso, dotado con 48 mil dólares.

En un segundo, a inicios del 2002, hubo enfrentamientos entre militares y cocaleros en la provincia de Sacaba.

El tercero es el más reciente, y tuvo lugar durante la gestión de Carlos Mesa, cuando el líder del MAS ayudó a articular una ola de protestas y bloqueos para evitar el propósito de Mesa de impulsar una Ley de Hidrocarburos que Morales consideraba demasiado favorable a las compañías extranjeras. Con estas movilizaciones generó una polarización política y social que desembocó en una sorpresiva y fugaz crisis institucional, al anunciar Carlos Mesa su primera renuncia a la presidencia boliviana.

Por todo, desde algunos sectores —como el empresariado— no se ve con muy buenos ojos que Morales pueda ocupar la silla presidencial. Y se considera que su partido aún muestra intransigencia. Un ejemplo de esto se vio hace poco en las palabras del senador Román Loayza, que amenazó con un golpe de Estado si por un bloqueo electoral su jefe de partido no llega al poder. Pero, con un perfil más político que antaño, Evo muy rápidamente le desautorizó.

Bien posicionado. Primero en las encuestas y tras haber sido el partido más votado en las municipales, hoy el MAS es el partido político con mayores posibilidades de ganar las elecciones. Según los analistas, sin embargo, si no gana con suficiente mayoría es probable que se produzca en los meses que siguen un problema de ingobernabilidad.

Para Róger Tuero, politólogo cruceño, si Evo llega a ser gobierno tendría dos opciones. "Podría aplicar su programa completamente y fortalecer su relación con los sectores sociales o suavizar las partes más radicales de su propuesta con el riesgo de que se rompan algunas de las alianzas".

Mientras, entre las críticas que se vierten contra su líder, la más generalizada viene dada por su negativa a debatir. Morales, por su parte, aduce que no quiere discutir ideas con Tuto Quiroga si éste no le pide antes disculpas. "No le hace falta debatir —analiza Tuero—, los que lo necesitan son los demás, que van detrás en las encuestas".

Por último, las vinculaciones con el mandatario venezolano, Hugo Chávez, han sembrado igualmente polémica en la carrera electoral. Al respecto, Estados Unidos asegura que el Gobierno venezolano no sólo le otorga apoyo moral al dirigente cocalero, sino también económico. Esto lo denunció hace casi ya un año el general retirado y alto funcionario del Comando de las Fuerzas Armadas para el Cono Sur de Estados Unidos, James Hill. Y Evo Morales llegó a responder estas acusaciones. “Chávez definitivamente nos brinda su apoyo. Nos ha enseñado cómo enfrentarnos al imperio americano y cómo convertir a la élite privilegiada en la oposición, y por eso lo admiramos, pero no nos ayuda económicamente”, comentó en su defensa.

A su favor, Morales cuenta con gran carisma entre los sectores campesinos y los movimientos sociales. Asimismo, cada vez son más los jóvenes de las ciudades que simpatizan con su proyecto. Sobre su carácter, Iván Canelas Alurralde, candidato a diputado plurinominal de su partido, dice que "es una persona sencilla que siempre se da modos para saludar a la gente, sobre todo a los niños y ancianos". Viaja casi siempre solo y con una única maleta de mano como equipaje. Con todo, Tuero considera que Morales todavía no es un político completo. "Está en proceso, en tránsito, camino a convertirse en estadista".

Destacado- Morales se dio a conocer como dirigente sindical y ha estado siempre muy vinculado a la hoja milenaria. en vez de una política de "coca cero", él propone aplicar otra en busca del "narcotráfico cero".

EN UNA PALABRA

Deporte
Desde niño es una de sus pasiones. En su comunidad fue un jugador destacado y participó en maratones.

Clarividencia
Dice tener sueños premonitorios. Cuando tiene algún problema, reza para pedir ayuda a su padre y su madre.

Madrugador
Se acuesta tarde y se despierta a las 4.30 de la madrugada para comenzar el día con diferentes reuniones.

Oficios
Trabajó, entre otras cosas, de ladrillero y panadero. También mostró sus buenas dotes como trompetero.

Comidas
En su casa alguna vez cocina. Le gusta mucho el conejo, pero de vez en cuando come algo de pescado.

Carácter
Es exigente con su gente porque le gusta que salgan bien las cosas, sin errores.

CANTOS DE SIRENA


Publicado en la revista Escape / Autor: Álex Ayala Ugarte

Subtítulo-Mitos y leyendas sobre las nereidas se entretejen en la mitología andina y la iconografía cristiana.Y a la par,las vendedoras de pescado de La Ceja les dan unos mimbres más reales.

Son los primeros fantasmas ambulantes de cada madrugada. Vienen y van con el olor del pescado maniatado en sus aguayos. Llegan en grandes camiones, con los peces en baldes y latas: mauris,pejerreys,ispis y karachis rebozados en agua. Son las vendedoras de pescado, con sus caras apretadas por el frío de las 5.00 de la mañana y manos blandas y mojadas. Y sus historias, sobre todo con sus historias: narraciones de anzuelos que no llegan a ninguna parte,de mujeres de belleza intensa y cuerpo de pez y de pescadores de sueños y tormentas.

Sin faltar un día, las vendedoras resaltan como presencias que nunca escapan de la Ceja. Sus plásticos azules y transparentes son los primeros colores tristes de unas calles que comienzan a vomitar muy temprano a los primeros transeúntes. Y para las 9.00 el mercado improvisado de pescado ya está medio vacío.Pero entonces los rumores de sirena,que antes caminaron de pueblo en pueblo,lo hacen de calle en calle,y la figura mítica que muchos dicen haber visto en el Titicaca se confunde entre la realidad y la leyenda. Mientras las “pescateras” vuelven a sus comunidades y los relatos se quedan con los “peces de ciudad”.

Compartiendo albas, entretanto, las sirenas esculpidas en piedra y presentes en varias iglesias que rodean al pequeño mar de agua, con su cabellera al aire y su rictus desgastado de inocencia, se alzan como guardianas de uno de los mitos que han hecho grande al lago.

El canto de la mujer pez
Los cuentos y cantos de sirena se suceden casi día a día, pero en enero de 2001 el rumor fue más allá y se hizo noticia. El diario Extra anunciaba que habían atrapado una sirena viva en el Titicaca. “Era época de lluvias –rescata Max Tancara, quien rastreó al misterioso ser por medio lago–. Llovía día y noche y todos trataban de buscar una explicación al hecho. Hasta que las vendedoras de pescado lanzaron su respuesta: dicen que han atrapado una sirena,joven”.Y el Extra puso en marcha una de las investigaciones más extrañas de su vida

“Recorrimos varias poblaciones del Titicaca –prosigue Max–. Algunos no sabían nada y otros nos iban dando pistas. Así hasta que llegamos a Santa Rosa de Taraco. Allá todo era silencio,nadie nos quería hablar.Pero en las casas que casi se metían en el lago encontramos lo que buscábamos. Según sus pobladores, uno de los vecinos, Macario Apaza, había encontrado la imagen de una sirena esculpida en piedra y fue a venderla a la Argentina. Para muchos en el pueblo esa fue la causa del desfase que atrajo inundaciones hacia el altiplano”.

En La Paz fue tal el revuelo que se agotaron los ejemplares del Extra, en los minibuses se vendían las fotocopias a Bs. 1 y varios periódicos y semanarios le daban columnas a este suceso. Y las semanas siguientes a la primera publicación, el 29 de enero, las historias de sirenas llenaban con sus cantos los corrillos de mercado, las aceras y las tiendas de barrio.

Todas tenían similares mimbres: atrapaban a la sirena, ella rogaba que no la sacaran de su lugar de origen y amenazaba con tormentas nunca vistas si no lo hacían. En algunos casos se hablaba de la red de unos pescadores de Tiquina en la que se había enganchado el ser mitológico y donde había muerto; otros decían que se la habían llevado a Puno; y algunos que medía entre 20 y 40 centímetros. Mientras la lluvia era tan intensa que ya afectaba a nueve comunidades de la zona y había arrasado con tierras, casas y cultivos cerca de Viacha

Y fue entonces que la atención se desvío para otro lado, hacia el puerto de Guaqui. La pintora Marta Cajías, una enamorada de estas ninfas, lo recuerda aún emocionada. “A mí me lo contó una comadre de Puerto Acosta. Me aseguró que la había visto. ‘Es rosadita y con muchos senos’, decía. Según ella, los militares del regimiento de la naval la metieron en una tina de cemento mientras les increpaba en aymara.Los soldados cobraban por dejarla ver, como atracción de feria, y muchos pobladores cuentan haberla espiado de las lomas”.

Visto lo visto, personas a la caza de una fotografía de la nereida y mitos que salían de nuevo a flote, no cabe duda de que el tema fascinaba. “A mí en particular la sirena me seduce. Con su lado bueno y su lado malo, sin que se sepa si realmente existe”, enfatiza Marta, al tiempo que sujeta una de ellas apresada en el azul eléctrico de uno de sus cuadros.

En busca de respuestas
“¿Cuál es la verdadera explicación de todo esto?”, se preguntaban entonces los pobladores de las comunidades junto al lago. Todavía se lo siguen preguntando. Y las respuestas que barajan están muy vinculadas a nuestra mitología andina, que con Qesintuu y Umantuu –nuestras particulares mujeres pez–, han llenado de leyenda los márgenes del lago sagrado.

Para dar cuenta de las más claras referencias al respecto hay que trasladarse al mito de Tunupa, una mezcla de elementos andinos y occidentales. “La creencia dice que Tunupa –de quien se piensa que pudo ser San Bartolomé– recorrió las tierras del lago en labor civilizadora enviado por Viracocha, dios creador,y que fue sentenciado a muerte después de torturas imposibles por tener relaciones sexuales con sus hermanas Qesintuu y Umantuu”, explica Milton Izaguirre, responsable de comunicación del museo de etnografía y folclore.

De ahí su origen, pero no es la única teoría. Los cronistas de la colonia, en especial Ramos Gavilán, vinculan a las sirenas con una famosa wak’a –lugar sagrado– que se alzaba en Copacabana antes de la llegada de los españoles. “Había allí un ídolo mujer de color azul y con cuerpo de pez, de quien Qesintuu y Umantuu eran protectoras, que luego fue sustituido por la Virgen”. Cabe resaltar que una buena parte de las historias de sirenas corresponden a la época de Gavilán, al siglo XVI. Y las tradicinales afirman que la nereida de la wak’a se sumergió en el Titicaca a la espera del momento para destronar a la Virgen de Copacabana.

“Otras historias hablan de las ‘llallaguas’ –completa Izaguirre–, dos hermanas sirenas que en Carnaval salían a jugar con los Kusillos. Y aquel que agarraban no vivía para contarlo”.

El antropólogo Carlos Osterman, entretanto, añade otras connotaciones. “También pueden tener que ver con Quimsa Totora, un lugar donde se llevaba a los niños muertos por aborto natural en el nacimiento para que recuperaran el alma.Quizá las mismas sirenas los recibían”

Aunque más extraños son los relatos sobre el sirino y el bufeo o delfín rosado, que nos llegan otra vez de la mano de Cajías. “El primero es el hombre con cola de pescado, a quien le dejaban instrumentos musicales al borde del lago para que los templara. Y el segundo era visto por los españoles como sirena. Creían que a las noches se convertía en mujer por la zona de misiones y cautivaba a los hombres para terminar por ahogarlos en el río,subraya”.

Con todo, la explicación más lógica, la que recogió Max Tancara del etnólogo Juan Ángel Yujra, resulta mucho más sencilla: “La gente de los extractos populares suele anunciar que ha capturado sirenas cuando encuentra unas piedras arqueológicas de la cultura Chiripa con cabeza de pez y cuerpo de víbora. Son piezas que se llegan a vender a 10.000 dólares. Los comunarios afirman que cuando se encuentra una las tormentas se ciernen sobre la región”.

Abundante iconografía
Y existan o no, sean realidad o imaginación, lo cierto es que las sirenas tienen un claro testimonio de su presencia en la iconografía de la región, aspecto que la historiadora Teresa Gisbert desmenbró con maestría en su libro “Iconografía y mitos indígenas en el arte”. Las antiguas iglesias y construcciones precolombinas son lo más tangible que ahora nos queda.

Ejemplos los hay a pares. “Las sirenas murales de Huchacalla ¬–dice la obra– son parte de un friso y anuncian lo que después será la sirena arquitectónica de la decoración mestiza”. En Jesús de Machaca y Guaqui las nereidas se representan en lienzos. Y en el retablo de Copacabana, con alas y frutas, se alzan unas de 1618 talladas por Sebastián Acostopa Inca.

Según Gisbert, las sirenas han sido representadas en la zona andina 32 veces: cinco en pintura, cinco en retablos y 22 en la decoración arquitectónica. Un 70 por ciento simboliza el pecado, la atracción sensual,y se encuentra en los templos que circundan el lago sagrado.

Mención aparte merecen las sirenas charanguistas de la Iglesia de San Lorenzo de Potosí, pertenecientes ya a la época mestiza. En su portada, entre el sol, la luna y las estrellas, se pueden observar dos nereidas ambidextras tocando charangos pequeños. Y muy cerca, en Chuquisaca, sirenas talladas en madera, doradas y pintadas en lo alto del retablo mayor del templo de La Merced también tañen instrumentos, aunque esta vez se trata de dos vihuelas.

Otro caso interesante es el de los lauaraques, unos pendientes metálicos decorativos que se emplearon en la cultura chipaya, anterior a Tiwanaku. Estos ídolos ornamentales presentan diseños con seres pisciformes, especialmente en aquellas poblaciones que rodean el Titicaca

Una figura eterna
La lista es larga, un registro iconográfico que completan a su manera artistas como Cajías, quien ha tomado a las sirena como una de sus musas y a la que no se cansa de representar: con trenzas de chola, con cola de totora, con manos en forma de pez, bajo una vasija que descarga lluvia… “Para mí –justifica– las sirenas son como lobos con piel de cordero, seres intemporales que conviven con nosotros, pero para verlos se tiene que cruzar una frontera”.

La poesía visual con la que Marta se nutre de estas ninfas se ve reflejada de igual forma en diferentes festivales en zonas lacustres de la región andina, tanto en la parte peruana como en la boliviana. Uno de ellos es el “Festival de la Sirena” en la localidad peruana de Ica, en el que se hace una escenificación de las leyendas; y en otro en honor a las aguas, esta vez en el pueblito de San Pedro de la meseta de Marka Wasi de Perú, lo que se hace es conmemorar a las nereidas con la limpieza de las lagunas y las vías de agua de su alrededor.

Pero no habrá nunca nada como los relatos de las vendedoras de pescado en las madrugadas de lluvia intensa. Esos que hablan del Titicaca, de perdidas ciudades submarinas de oro y plata, de ovnis que se sumergen en las profundidades y, como no, de seres pisciformes de canto dulce. “Crea usted nomás, joven, las sirenas existen se lo digo yo que las he visto”.Y ante la insistencia de la “caserita” no me queda alternativa:“Yo creo”.